martes, 4 de agosto de 2015

SEÑALES DE TRÁNSITO

La pertinencia de las señales de tránsito contempla el valor coherente de la razón. No se puede vivir en sociedad, cuando los integrantes de la misma no son capaces de someterse a las normas que regulan un mundo organizado. Si estas permiten la regulación eficaz del tránsito terrestre, no se debe hacer caso omiso de las mismas.
Son muchos los acontecimientos desastrosos, que han tenido algún lugar a lo largo de la historia humana, y han dejado muchos recuerdos penosos; y todo por no fijar la atención en la advertencia de una señal.
Cuenta la historia, que en cierto pueblo de Arizona, hace ya muchos años, unos adolescentes descubrieron un lago a unos kilómetros de distancia de donde ellos vivían; y decidieron darse un chapuzón.
Cuando llegaron al lugar del lago, no repararon en la advertencia de una señal, y procedieron a bañarse. El lago estaba cercado con alambres de púas. Uno de ellos levantó una de las líneas del alambre, mientras los demás pasaban; pero se olvidaron del muchacho más pequeño, que andaba con ellos, y se había quedado atrás.
Uno de ellos dijo a voz en cuello: “Todos al agua”. Y otro lo secundó diciendo: “El último en tirarse será una vaca”.
Cuando todos comenzaron a gritar en el agua, al sentir el dolor de las mordidas de serpientes venenosas, uno de ellos dio voces al muchacho que se había quedado atrás, y se había demorado más por uno de los alambres de púas, que le rasgó el overall: “Samuelito, no entre al agua, hay serpientes venenosas”.
Esa noche hubo tres velorios en aquel pequeño pueblo, y todo por hacer caso omiso a la advertencia de una señal.

Y es por cosos como éste, que no se debe hacer caso omiso a la advertencia de una señal.

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